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TASTIMO, una cena sin etiquetas en el puerto de Dénia
C/ Bellavista, 3, 03700 Dénia, Alicante
¿Rar&Bestaurant?
No pasa desapercibido un restaurante en el puerto de Dénia que, al parecer, no tiene demasiado interés en las etiquetas. Se define como rar&bestaurant. Tuve que acercarme para comprobar si estaba leyendo bien o si, sencillamente, mi vista empezaba a fallar. Puede que no les gusten las etiquetas, pero sí parecen tener claras las declaraciones de intenciones.
Así que me acerqué a curiosear y, de repente, una voz nos dijo:
— Tenemos mesa, ¿queréis cenar?
Y qué se responde ante una propuesta así. Para cuando un tímido «sí» salió de mi boca, yo ya estaba prácticamente de camino a la mesa.
Una nueva propuesta en el puerto de Dénia
Tastimo es un proyecto del Grupo El Raset, que cuenta con otros espacios gastronómicos en Dénia,y se encuentra bajo el Hotel El Raset, en plena primera línea del puerto. Ocupa además el lugar donde durante treinta años estuvo la mítica pizzería Ticino. Quizá haya quien, al leer esto, sepa perfectamente de qué hablo. Los restaurantes también tienen memoria, aunque normalmente no venga escrita en la carta.
Ahora, en su lugar, aparece una propuesta completamente distinta, cpm una cocina de fusión de base mediterránea y, según nos anuncian nada más entrar, mucho amor por el producto. Una declaración de intenciones bastante más fácil de entender que eso de rar&bestaurant.
El restaurante cuenta con una gran terraza cubierta con vistas al puerto de Dénia, tranquila y luminosa, que contrasta con un interior mucho más arriesgado y ecléctico, lleno de neones, colores vivos, un suelo de rayas blancas y negras, un enorme sofá esquinero azul y una coctelería de autor que parece estar esperando su momento de protagonismo.
No sabía muy bien qué esperar de Tastimo porque, para ser sincera, no llevaba ninguna idea preconcebida. Todo estaba ocurriendo a primera vista y, a veces, dejarse llevar es precisamente la mejor manera de conocer un sitio.
La carta tampoco parece tener demasiadas ganas de someterse a categorías estrictas. Hay un poco de aquí, otro poco de allá y combinaciones que, sobre el papel, despiertan bastante más curiosidad que las habituales casillas de «entrantes», «carnes» y «pescados». Y quizá esa sea la idea.
Lo que se ve cuando se presta atención
Hay detalles que no aparecen en la carta y que, sin embargo, dicen bastante de un restaurante. Aquí entra mi faceta de observadora (que para algo hemos venido). Lo primero fue el trato, cercano, agradable y sin esa coreografía excesivamente ensayada que a veces hace que pedir una mesa parezca solicitar una audiencia.
Nos preguntaron incluso en qué orden queríamos que salieran los platos. Un gesto pequeño, pero de esos que hacen que una sienta que está cenando y no simplemente consumiendo una secuencia predeterminada. En la terraza, además, varias mesas estaban ocupadas por perros. Y no como acompañantes de segunda categoría, todos tenían su cuenco de agua servido.
También me llamó la atención la cantidad de camareros jóvenes que había en sala, algunos probablemente en sus primeras horas o días de servicio. Lo interesante no era eso, sino cómo se relacionaban entre ellos, compañeros y responsables se trataban con una cercanía y una naturalidad que se percibían desde fuera. Y esas cosas, aunque no aparezcan en Instagram ni en la carta, dicen bastante de quién hay detrás de un restaurnte.
Leer la carta y dejarse llevar
Nos decantamos primero por una burrata en tarta de hojaldre con tomates y pesto. Una combinación clásica, sí, pero de esas que no necesitan reinventarse para funcionar. En la base del hojaldre había además un poco de tomate seco que aportaba intensidad y hacía que el conjunto tuviera más gracia de la esperada.
Después llegó la sepia con picaeta de tomate seco y almendra y mayonesa de ajo asado.
Aquí había un objetivo bastante claro: conseguir el bocado perfecto con un poco de todo. Y funcionaba. La sepia estaba tiernísima; la almendra picada aportaba ese punto crujiente que siempre agradecemos cuando el resto del plato se mueve en terrenos más melosos y, sobre todo, la mayonesa de ajo asado era la que terminaba de darle carácter.
Un ajo amable, además. De esos que permiten seguir conversando con tu acompañante sin tener que preguntarle discretamente, cinco minutos después, si te huele el aliento.
Cocas al horno
Teniendo horno de leña, era inevitable llegar a las cocas y las pizzas. Un pequeño guiño a la historia del local y, también, una de esas decisiones en las que Dénia no admite demasiada discusión.
Estábamos en Dénia y otra noche más… ganaron las cocas.
La primera fue de calabaza, bacalao ahumado, queso de cabra y rúcula. El dulzor de la calabaza, el punto salino y ahumado del bacalao y la untuosidad del queso de cabra forman una combinación ganadora que, reconozco, no esperaba encontrar encima de una coca.
La segunda, esgarraet, gambas y alioli, jugaba en un terreno mucho más mediterráneo, pero también con su propia vuelta de tuerca. El alioli estaba muy bien equilibrado y, lejos de resultar pesado, dejaba que el resto de ingredientes siguiera teniendo su espacio. Algo que agradecemos especialmente cuando después de cenar todavía queremos poder acercarnos a una persona sin poner en riesgo la relación.
En ambas, la masa es fina, con los bordes crujientes, un punto rústico y una base esponjosa que hace que todo resulte ligero a pesar de lo que pueda sugerir una coca recién salida del horno. Y quizá ahí está uno de los aciertos de Tastimo es proponer sin complicar.
Cocas al horno
Teniendo horno de leña, era inevitable llegar a las cocas y las pizzas. Un pequeño guiño a la historia del local y, también, una de esas decisiones en las que Dénia no admite demasiada discusión.
Estábamos en Dénia y otra noche más… ganaron las cocas.
La primera fue de calabaza, bacalao ahumado, queso de cabra y rúcula. El dulzor de la calabaza, el punto salino y ahumado del bacalao y la untuosidad del queso de cabra forman una combinación ganadora que, reconozco, no esperaba encontrar encima de una coca.
La segunda, esgarraet, gambas y alioli, jugaba en un terreno mucho más mediterráneo, pero también con su propia vuelta de tuerca. El alioli estaba muy bien equilibrado y, lejos de resultar pesado, dejaba que el resto de ingredientes siguiera teniendo su espacio. Algo que agradecemos especialmente cuando después de cenar todavía queremos poder acercarnos a una persona sin poner en riesgo la relación.
En ambas, la masa es fina, con los bordes crujientes, un punto rústico y una base esponjosa que hace que todo resulte ligero a pesar de lo que pueda sugerir una coca recién salida del horno. Y quizá ahí está uno de los aciertos de Tastimo es proponer sin complicar.
Sin etiquetas, pero con personalidad
En conjunto, Tastimo resulta un acierto. La relación calidad-precio es buena, especialmente teniendo en cuenta su ubicación en primera línea del puerto de Dénia, el ambiente, el servicio y una cocina que parece más interesada en jugar con las posibilidades del producto que en decidir previamente en qué casilla debe colocarlo.
Al final va a resultar que las etiquetas, efectivamente, encasillan.
Y aquí han sabido hacer algo bastante más interesante: quedarse con la libertad de proponer. Una cocina que mezcla, prueba, juega y, sobre todo, parece hecha desde el amor por el producto y por esto de dar de comer a los demás, que ya es bastante.
Salimos de allí queriéndonos un poco más. Así que sé que no será la última vez que nos regalemos un Tastimo.
Información actualizada en septiembre de 2026 (Menú y Precios)
Carta de presentación de TASTIMO
Una cocina de fusión con raíces mediterráneas, producto de calidad y libertad para mezclar.
Ubicación
Horario
- De lunes a domingo (miercoles cerrado)
- Mediodía
- 13:00 - 16:00
- Noche
- 19:00 - 23:00
Reservar / Contacto
Sitio web
Opiniones
Precio pp.
20 – 30€
Opciones de servicio
- Terraza
- Comedor