Ca Pepa Teresa, cocina con memoria en la calle Loreto de Dénia

C/ de Loreto, 23, 03700 Dénia, Alicante

Hay calles que parecen diseñadas para que uno termine cenando. La calle Loreto de Dénia es una de ellas. Si en Valencia tuviéramos que buscarle un equivalente, quizá sería alguna de esas calles del centro que durante el día parecen tranquilas y, llegado el verano, descubren una segunda personalidad: terrazas llenas, mesas que casi se rozan con las del restaurante de al lado, fachadas señoriales de dos o tres plantas y esa sensación de que, en algún momento de la noche, toda la calle ha decidido salir a cenar.

En una de esas casas está Ca Pepa Teresa, un restaurante que, antes incluso de sentarte a la mesa, ya empieza a contar su historia.

El restaurante recupera la piedra, los arcos de medio punto, las vigas de madera y la arquitectura de una casa del siglo XVII, dejando que el propio edificio haga buena parte del trabajo. Un patio interior aporta luz al comedor y, al fondo, la cocina y las brasas quedan a la vista, como debe ser cuando uno tiene algo que presumir.

De las paredes cuelgan fotografías familiares. No están ahí por decoración: este restaurante nace como homenaje a las abuelas de la familia Cervera, la saga hostelera detrás del proyecto y también de Casa Federico, en Les Marines, uno de esos restaurantes que, si preguntas a alguien de Dénia dónde comer bien, probablemente aparecerá en la conversación. Allí mandan los arroces y los productos del mar; aquí, en cambio, la intención es otra: volver a una cocina más doméstica, más cercana, a esa que no necesitaba demasiadas explicaciones porque llevaba años hablando por sí sola.

Ca Pepa Teresa

La cocina de las abuelas

La idea de Ca Pepa Teresa parte de algo aparentemente sencillo: recuperar la cocina de las casas de la Marina Alta, aquella que se construía alrededor de lo que había en el mercado y de lo que ofrecían el mar y la tierra.

Es una filosofía que reivindica el producto fresco, las compras diarias en los mercados de la zona, los arroces, los guisos, el pescado, la carne y las verduras. Pero también una manera de cocinar que no necesita convertir cada plato en una tesis doctoral.

Porque las abuelas cocinaban de otra manera. Cocinaban con paciencia, con garbo, casi bailando alrededor de los fogones y, sobre todo, a ojo. Sin pesar demasiado, sin una aplicación que les dijera cuánto debía medir una cucharadita y sin preguntarse si aquello que llevaban haciendo cuarenta años tenía suficiente presencia en Instagram. En sus ollas siempre cabía un cazo más por si alguien aparecía de repente. Y si decías que no querías más, te servían igualmente porque, evidentemente, tenías que crecer.

El mejor reconocimiento no era una estrella Michelin. Era un «¿puedo repetir?».

Quizá por eso me interesan tanto los restaurantes que entienden que la cocina también es memoria. He tenido la suerte de crecer con esos olores y esos platos que hoy, al aparecer de nuevo sobre una mesa, tienen la capacidad bastante injusta de transportarte directamente a otra cocina, a otra edad y a otra versión de uno mismo.

Dejando este pequeño momento sentimentalista, vamos a comer.

Ca Pepa Teresa

¿Qué pedir en Ca Pepa Teresa?

Fuimos una noche de verano y, en este caso, con reserva previa. Ca Pepa Teresa permite reservar desde su propia web, con servicio de mediodía de 13:00 a 15:30 y de tarde-noche de 19:00 a 23:30.

Y entonces llegó la tarea más importante de la noche: ¿qué pedimos?

Una pregunta que parece sencilla hasta que tienes delante una carta con suficientes posibilidades como para empezar a cuestionarte todas tus decisiones vitales.

Esta vez decidimos hacer algo que no hacemos siempre: preguntar al camarero y dejarnos llevar. Y, visto el resultado, fue una excelente decisión. Nos aconsejó con criterio, teniendo en cuenta que éramos dos y, sobre todo, las cantidades. Algo que parece obvio, pero que se agradece especialmente cuando el restaurante no intenta que pidas media carta. 

Empezamos con el buñuelo de bacalao de Pepa Teresa. Una unidad, melosa, sabrosa y con ese sabor reconocible que inmediatamente me recordó a los que hacía mi abuela en casa. De esos platos que no necesitan demasiada presentación porque, en cuanto los pruebas, entiendes perfectamente de dónde viene la inspiración.

© Gustó

Después vimos las brasas.

Y cuando un restaurante tiene unas brasas a la vista, ignorarlas empieza a parecer una falta de respeto.

Pedimos sardinas a la brasa, un pescado que agradece especialmente este tipo de cocción. El fuego consigue intensificar su sabor sin necesidad de disfrazarlo demasiado, que es precisamente lo que uno espera de una sardina bien tratada: que sepa a sardina y que la brasa haga el resto.

Para acompañarlas pedimos también verduras de temporada a la plancha, pero en media ración. Aquí volvió a intervenir el camarero, que nos advirtió de que una ración completa sería demasiado para dos. Y menos mal que le hicimos caso.

La media ración ya era bastante generosa y reunía champiñones, espárragos, calabacín, berenjena, pimientos del padrón y cebolla. Quizá las verduras quedaron algo más enteras de lo que personalmente me hubiera gustado, pero tenían buen sabor y funcionaron especialmente bien junto a las sardinas. Una combinación sencilla, de esas que no pretenden inventar nada nuevo y que, precisamente por eso, funcionan.

sardinas a la brasa
© Gustó

Presuntos Implicados

Mientras cenábamos ocurrió una de esas pequeñas escenas que nadie había pedido pero que luego terminan formando parte de la historia.

La mesa de al lado empezó a mirarnos con cierta curiosidad. Finalmente, una voz tímida preguntó qué habíamos pedido porque, aparentemente, las sardinas se habían convertido en objeto de deseo.

Levanté la mirada. Era Sole Giménez.

Aquí tuve que hacer un ejercicio de contención bastante importante para no comportarme como alguien que acaba de descubrir que las personas famosas también cenan. Con la tranquilidad de quien trata con referentes a diario (una tranquilidad completamente ficticia, por supuesto) me puse lo más técnica posible a explicar nuestra selección.

Lo mejor es que la selección no había sido exactamente nuestra: nos la había recomendado el camarero. Pero una vez que la explicación estaba en marcha, ya no era momento de entrar en esos pequeños detalles.

Poco después, cuando el camarero se acercó a su mesa, Sole dijo:

—Lo mismo que esa mesa.

Y así, sin haber elegido realmente el menú, conseguí algo parecido a una aprobación gastronómica de Sole Giménez. No me corresponde atribuirme el mérito de la elección, pero sí, al menos, el de haber hecho una explicación convincente.

Me llevo esta pequeña hazaña como logro personal y probablemente la saque en más de una conversación de aquí en adelante.

Verduras a la brasa
© Gustó

Tradición, brasas y un pequeño inconveniente

Teniendo una cocina abierta y unas brasas funcionando en el mismo espacio, tampoco hace falta ser ingeniero para imaginarlo. El aire acondicionado estaba bastante alto y, de hecho, la comida se enfriaba con cierta rapidez.

Yo, que había llegado con un vestido de lino palabra de honor y unas bailarinas de rejilla después de estar a punto de derretirme en la calle, pasé en cuestión de minutos a sentirme en pleno noviembre.

También es cierto que, por las fechas y porque es un restaurante concurrido, había bastante bullicio. A mí no suele molestarme especialmente. De hecho, creo que hay una diferencia entre el ruido y el bullicio: el primero puede resultar incómodo; el segundo suele ser simplemente la banda sonora de varias personas pasándolo bien alrededor de una mesa. Y la calle Loreto, en verano, parece hecha precisamente para eso.

A la taula i al llit, al primer crit

Ca Pepa Teresa no pretende deslumbrar con una cocina complicada. Su atractivo está en otro lugar: en recuperar una manera de cocinar que conocemos aunque quizá ya no practiquemos tanto.

Producto fresco, brasas, verduras, pescado, arroces, guisos y recetas que parten de una tradición doméstica. Una cocina que entiende que el Mediterráneo también puede estar contenido en algo tan poco sofisticado como el aceite de oliva, el tomate, el perejil, una pizca de sal y un buen producto.

Salí contenta de haber conocido un restaurante con tanta historia detrás y, sobre todo, con una idea que me parece cada vez más difícil de encontrar: la de cocinar para que estés a gusto, no para que tengas que demostrar que sabes comer. No necesitaban explicarte demasiado, quizá eso sea también lo que hace especial a la cocina de nuestras abuelas, 

Te ponían un plato delante, te decían que comieras un poco más porque estabas demasiado delgada y, cuando terminabas, ya estaban pensando en qué podían sacarte después.

En Ca Pepa Teresa, por suerte, todavía queda algo de aquella generosidad.

Y si después de cenar alguien pregunta si puedes repetir, ya sabemos cuál es la respuesta correcta.

Información actualizada en septiembre de 2026 (Menú y Precios)

Carta de presentación de Ca Pepa Teresa

Cocina mediterránea tradicional y de mercado.

Ubicación

C/ de Loreto, 23, 03700 Dénia, Alicante

Horario

Precio pp.

20 – 30€

Opciones de servicio

Contacto

965 78 45 47

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